martes, 23 de octubre de 2007

Aguirre, la cólera de Dios


Por: Misael Barros
Si queremos hablar de neurosis y neurastenias en el arte, Alemania nos da ejemplos claros de artistas “psicopatológicamente trastocados”, pasando por Beethoven, el padre de la novena sinfonía y conocido entre sus coetáneos como el ingenio tormentoso de Von, hasta llegar al fabricante de dinamita con palabras, aquel Nietzsche que se lo llevó la muerte disfrazada de demencia, terminando en el Murnau acostumbrado a sus viajes catalépticos a través del laúdano.
En el arte hay carácter, y este se constituye en la marca muchas veces dolorosa del genio y artista consumado y más si ésta le lleva a tomar la sangría nepentina de la moría.
Tal vez será éste germanamente legado non-sancto, que destila la mirada pétrea de la mejor encarnación de un personaje histórico, del único actor que le luce y (lució) ser amargado y neurótico y del único director que su actor fetiche fuera su propio enemigo.
La majestuosa actuación de Klauss Kinski, como Lope de Aguirre, remite al cine ese concepto llamado como PAPEL NATURAL, o el actor que nació para ese papel, papel de difícil encarnación pero ensamblado perfectamente para un actor que nos acostumbro a apreciarlo siempre con su gesto endurecido.
Es precisamente este gesto y la parquedad silente del malvado, lo que permite la economía verbal a la hora de la adaptación cinematográfica dejando ver a plenitud cómo un frenético emula a un frenético, quedándole actoralmente fácil y confirmando una vez más que genio y locura van de la mano.
Técnicamente hablando el espíritu documentalista de Werner Herzog, es palpable a cada momento del film la naturalidad y lentitud de cada toma contrastan con el entorno agreste que ofrece la selva peruana tomada como locación, la misma a la que volverán años después actor y director, para construir la arribista e inusual historia llamada Fizcarraldo en 1982.
A consideración de críticos y estudiosos de Kinski y Lope de Aguirre, que independientemente del grotesco proyecto de casarse con su hija, era un traidor mas no un mentiroso, la tierna delicadeza que muestra el trato de Lope con su hija Elvira a lo largo de la travesía, su dulzura (elemento bastante contradictorio, tanto en el personaje real, como en la fiel representación hecha por Kinski) revelará la fuente primigenia de las escenas que luego serán insumo para lo que sería el documental de Herzog Mi enemigo preferido, en una toma espontánea que junta al “ loco” ( Aguirre-Kinski) con la mariposa, ambos se hallan embelezados por este misterioso encuentro. De modo que esa fiera nacida según los historiadores el 4 de febrero, día representado por la flor en el calendario azteca. Demuestra que esa fiera era también una flor, atraía a las mariposas y al mismo tiempo concebía proyectos sublimes, en una espiral de la perdición trazado por una maquina de guerra que el mismo monta, que lo hace un asesino y que se vuelve a la postre contra sí mismo, tras asolar todo en derredor.


Dirección: Werner Herzog
País: Alemania
Año: 1972
Música: Popol Vuh
Reparto: Klauss Kinski
Ruy Guerra
Alejadro Repulles

lunes, 8 de octubre de 2007

Mifune, dogma tres


Por: Juan Guillermo Martínez
Cuando Truffaut y Chabrol decidieron hacer un extenso cambio en los cincuenta, tenían claro algo: acabar de una vez por todas con los presupuestos establecidos del cine actual. La nueva ola constituyó, entonces, el cambio más propicio para llevar historias al celuloide. Godard lo vio de esta manera y se unió a la causa. El resultado: Al final de la escapada (1959), muestra cierto tipo de cambios en la forma de desarrollar un film tanto en la parte técnica y formal, como en la cuestión de fondo de la historia. Detalles como la ausencia de iluminación especial y cargar la cámara en el hombro en algunos pasajes de la película, muestran aspectos un tanto revolucionarios a la hora de armar la médula de ésta. Así como el acercamiento, con planos larguísimos al rostro, a la humanidad de los personajes, como metiéndose en lo más profundo de sus pensamientos.
Algunos de estos aspectos fueron recogidos ¾añadiendo otros tantos¾, muchos años después, por cuatro directores daneses que fundaron un movimiento llamado Dogma 95. La celebración de Thomas Vinterberg y Los idiotas de Lars von Trier fueron los primeros. Mifune de Soren Kragh – Jacobsen, es conocido como el dogma número tres.
Es considerada por la crítica como el filme que más se adapta y sigue los supuestos del llamado voto de castidad, aunque viola algunas de las reglas contenidas en éste. Mifune es el acercamiento a los sentimientos de un hombre egoísta que desea, por todos los medios, borrar un pasado inocente y rural, para embarcarse en el tren de la vida cómoda de la ciudad, sin contar con ese aspecto íntimo que suele ser la vuelta a los orígenes y la dura imposibilidad de escapar de ellos.
Las situaciones crueles, las crudas pero sinceras verdades y las escenas descarnadas pero reales, priman en las historias pertenecientes a éste particular movimiento, que hoy en día sigue manteniendo vigente algunos aspectos a la hora de realizar películas que hablen sobre realidades que todavía están perneando los caminos del mundo, tales como la trilogía de von Trier sobre USA, tierra de las oportunidades.