
Por: Juan Guillermo Martínez
A PESAR DE SU ASPECTO ESPANTOSO, John Merrick (John Hurt), tenía la sensibilidad y ternura de un niño recién nacido. Las elevaciones en su columna vertebral, su gigantesco cráneo, la inutilidad en el brazo derecho y su rostro terrorífico, no eran más que consecuencias lamentables y nefastas de un accidente en su etapa de gestación, pero por ningún motivo un aspecto que resaltase en él un odio desmesurado hacia la humanidad o, tal vez, un resentimiento exasperado.
Merrick era un hombre de educación netamente religiosa. Leía la Biblia desde muy pequeño y memorizaba parágrafos y salmos enteros con una memoria de máquina. Era culto y elegante, pero nadie lo sabía hasta que el prestigioso cirujano Frederick Treves (Anthony Hopkins) se interesó en su caso y decidió estudiarlo y atenderlo con disciplina.
Desde muy joven, se desempeñaba como la principal y más asediada atracción de un circo que viajaba por todo el Reino Unido mostrando al público los más extraños casos de particularidades humanas. Vivió encerrado durante mucho tiempo horrorizando a todo aquel que lo admirara. Su morada era una jaula con barrotes de hierro que no le permitían apreciar libremente el exterior. Su propietario, un sujeto llamado Bytes (Freddie Jones), lo sometía a las más inhumanas condiciones de vida y lo maltrataba sin compasión alguna con latigazos de psicópata.
Cuando Treves lo traslada al hospital producto de un mal respiratorio que lo aquejaba, se percata de los sentimientos transparentes y cariñosos que desbordan de su ser. Sus ojos podían llorar océanos inmensos de lágrimas ante una pequeña palabra que lo hiriera. Sus nervios se advertían intranquilos ante la presencia de alguien extraño que lo mirara con desdén. Sus labios sonreían con timidez si un cumplido resonaba en sus oídos o si un beso valiente de mujer se posaba en su mejilla. Sin embargo, el mismo Treves, poco a poco se fue percatando de que, de una u otra manera, también lo estaba exhibiendo ante un público, ya no en un circo sino en un hospital, donde es visitado por estrellas del teatro clásico londinense y grandes personalidades de la aristocracia; no obstante, Merrick no se sentía de tal forma; las cosas eran a otro precio; no era un espectáculo.
Rodado en blanco y negro a principios de la década de los ochenta, el film es ambientado en una Londres Victoriana en el siglo XIX, donde su personaje principal busca, por todos los medios, escapar de una realidad oscura y temerosa que lo absorbe para reencontrase con lo puro de sus sentimientos.
Dirección: David Lynch
Países: Reino Unido – Estados Unidos
Año: 1980
Género: Drama
Duración: 124 minutos
Reparto: Anthony Hopkins
John Hurt
Anne Bancroft
Freddie Jones
Wendy Hiller
A PESAR DE SU ASPECTO ESPANTOSO, John Merrick (John Hurt), tenía la sensibilidad y ternura de un niño recién nacido. Las elevaciones en su columna vertebral, su gigantesco cráneo, la inutilidad en el brazo derecho y su rostro terrorífico, no eran más que consecuencias lamentables y nefastas de un accidente en su etapa de gestación, pero por ningún motivo un aspecto que resaltase en él un odio desmesurado hacia la humanidad o, tal vez, un resentimiento exasperado.
Merrick era un hombre de educación netamente religiosa. Leía la Biblia desde muy pequeño y memorizaba parágrafos y salmos enteros con una memoria de máquina. Era culto y elegante, pero nadie lo sabía hasta que el prestigioso cirujano Frederick Treves (Anthony Hopkins) se interesó en su caso y decidió estudiarlo y atenderlo con disciplina.
Desde muy joven, se desempeñaba como la principal y más asediada atracción de un circo que viajaba por todo el Reino Unido mostrando al público los más extraños casos de particularidades humanas. Vivió encerrado durante mucho tiempo horrorizando a todo aquel que lo admirara. Su morada era una jaula con barrotes de hierro que no le permitían apreciar libremente el exterior. Su propietario, un sujeto llamado Bytes (Freddie Jones), lo sometía a las más inhumanas condiciones de vida y lo maltrataba sin compasión alguna con latigazos de psicópata.
Cuando Treves lo traslada al hospital producto de un mal respiratorio que lo aquejaba, se percata de los sentimientos transparentes y cariñosos que desbordan de su ser. Sus ojos podían llorar océanos inmensos de lágrimas ante una pequeña palabra que lo hiriera. Sus nervios se advertían intranquilos ante la presencia de alguien extraño que lo mirara con desdén. Sus labios sonreían con timidez si un cumplido resonaba en sus oídos o si un beso valiente de mujer se posaba en su mejilla. Sin embargo, el mismo Treves, poco a poco se fue percatando de que, de una u otra manera, también lo estaba exhibiendo ante un público, ya no en un circo sino en un hospital, donde es visitado por estrellas del teatro clásico londinense y grandes personalidades de la aristocracia; no obstante, Merrick no se sentía de tal forma; las cosas eran a otro precio; no era un espectáculo.
Rodado en blanco y negro a principios de la década de los ochenta, el film es ambientado en una Londres Victoriana en el siglo XIX, donde su personaje principal busca, por todos los medios, escapar de una realidad oscura y temerosa que lo absorbe para reencontrase con lo puro de sus sentimientos.
Dirección: David Lynch
Países: Reino Unido – Estados Unidos
Año: 1980
Género: Drama
Duración: 124 minutos
Reparto: Anthony Hopkins
John Hurt
Anne Bancroft
Freddie Jones
Wendy Hiller


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